Hillary: por fin arriba del techo de cristal

POR CECILIA SOTO

El presidente de los Estados Unidos ganaba poco —unos 35 mil dólares al mes— en comparación con los ingresos de su esposa, considerada entonces entre los mejores abogados de los Estados Unidos.

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La nota me salvó de otro trillado discurso con números acerca de la baja participación de las mujeres en esos años, menciones al techo de cristal —transparente pero duro como el vidrio templado— que impedía el acceso de las mujeres a los puestos de decisión y me permitió abordar el tema desde otra perspectiva. Estaba estupefacta y furiosa: ¿Así que además de padecer los amoríos de su esposo, Hillary tendría que salvarlo del juicio político usando sus recursos económicos? ¿Qué clase de mujer era Hillary Rodham Clinton? Sólo una mujer con una gran capacidad de persistencia, resiliencia y compromiso podía aceptar ese sacrificio. Imaginé el ascenso de las mujeres desde el futuro —2020 para ser precisos— y predije que Hillary Clinton sería presidenta de los Estados Unidos en 2008. Casi acierto si no fuera porque se atravesó en el camino de la esposa de Bill Clinton un esbelto precandidato demócrata de color. Me aguanté mi sentimiento de culpa feminista y me hice partidaria de Barack Obama.

No tengo dudas que —salvo algún imponderable— Hillary Clinton ganará la Presidencia de los Estados Unidos el próximo noviembre. Aunque la campaña será dura y difícil, pues se enfrentará a un candidato astuto y excelente demagogo; además, la popularidad de Donald Trump revela un síntoma de gran descontento y desilusión entre porciones importantes del electorado americano que han sufrido el constante deterioro de las condiciones de vida de la clase media. En el campo demócrata, esa misma desilusión lleva a  los y las jóvenes a identificarse con Bernie Sanders y su discurso antisistema. Con todo, Hillary Clinton podrá llevarse parte de los electores jóvenes que confrontados con la elección entre un narcisista racista como Trump y una demócrata progresista, tendrán que recurrir al voto útil.

En su discurso hacia las mujeres, Hillary tiene el problema de las cicatrices de las batallas. Me explico: quienes hemos luchado por una causa por décadas hablamos un discurso ajeno a las jóvenes. Para nosotras, cada avance es un triunfo extraordinario. Para las nuevas generaciones esos avances son algo natural. Por eso cuando, en la campaña de Hillary, la exsecretaria de Estado Madeleine Albright usó por enésima ocasión la idea de que “en el infierno hay un lugar especial para las mujeres que no ayudan a otras mujeres” fue ampliamente repudiada por las jóvenes. Es la frase que describe la situación que privaba hace décadas, antes del triunfo de las medidas de acción afirmativa (cuotas, paridad, etc.), cuando en verdad 100 mujeres tenían que pelear por un lugar. Hoy creo que hay tantas zancadillas entre las mujeres como las hay entre los hombres, al mismo tiempo que ha crecido una enorme simpatía por el avance de las mujeres.

Hoy, en los Estados Unidos, las jóvenes son la mayoría de estudiantes universitarios, pero la representación política ha crecido con gran lentitud hasta estancarse alrededor del 25 por ciento. En 1971, sólo había tres por ciento de mujeres en el Congreso norteamericano. Tardó 20 años, en 1993, para llegar al 10 por ciento. Doce años para superar el 15 por ciento en 2005 y en 2016 apenas representa el 19.4 por ciento. En el caso de puestos de elección, los demócratas superan por el doble a los republicanos en candidaturas y triunfos de mujeres.

En la actualidad, hay sólo 84 mujeres (19.3 por ciento) en la Cámara de Representantes y 20 senadoras. En toda la historia de ese país, sólo 307 mujeres han sido legisladoras (comparen con 212 mujeres en la actual Cámara de Diputadas en México). Hay seis gobernadoras y 12 vicegobernadoras. Hay 47 mujeres alcaldes de ciudades con más de 100 mil habitantes y otras 19 alcaldes entre las 100 ciudades más grandes.

El presidente Obama ha nombrado a sólo tres secretarias de Estado, pero ha puesto a una treintena de mujeres en puestos de gran relevancia. Por ejemplo, Janet Yellen, en la Reserva Federal, a las titulares de la Federal Trade Commission, la Securities and Exchange Commission, la Agencia de Protección Ambiental, la procuradora general, su asesora en Jefe de Seguridad, la administradora de Pymes y a dos ministras de la Suprema Corte.

Hillary Clinton llega con las cualidades y la experiencia para ser una candidata consistente y convincente por su capacidad de reinventarse y recuperarse de derrotas y dificultades, y por su gran trabajo a favor de las mujeres.

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