Y todavía no empieza la campaña; ¿se imagina cómo será?

POR ÁNGEL VERDUGO

El viernes próximo pasado, aquí mismo, en la colaboración que titulé “¿Qué esperar de Hillary Clinton en la Presidencia?”, escribí estos dos párrafos:

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La interdependencia con la vida económica y política de Estados Unidos, podría cobrar un nuevo impulso, siempre bajo las reglas establecidas por Estados Unidos y Canadá. Dejemos de hacernos ilusiones con esa idea decimonónica que tenemos del concepto de soberanía; tomemos en cuenta sin olvidar, que estamos en el siglo XXI y enfrentamos, todos, amenazas que todavía hace unos cuantos años eran impensables.

La colaboración que veremos entre agencias de inteligencia y las fuerzas armadas con sus pares de Estados Unidos, se fortalecerían; esto nos obligaría a cumplir con reglas y requisitos en materia de confianza y honradez y transparencia, que muchos de nuestros altos cuadros en esos campos, muy difícilmente podrán satisfacer.

Hoy, unos cuantos días después, la tragedia que se registró en Orlando, Florida, ratifica lo dicho ese viernes. Al margen de si las motivaciones del asesino fueron de tipo homofóbico, o muestra del terrorismo irracional al que nos tienen acostumbrados esos grupos de desequilibrados que son los fundamentalistas islámicos, o de una combinación de ambas, hay una realidad que no podemos soslayar: el tema del terrorismo forma parte ya, de la campaña por la Presidencia de Estados Unidos entre la señora Hillary Clinton, y el señor Donald Trump.

Las presiones para el Estado mexicano y sus órganos de inteligencia, así como para las fuerzas armadas y policiales, al margen de quien saliere victorioso en aquella elección, serán de una intensidad y exigencias las cuales, no tendrán comparación con lo que hemos vivido durante los decenios pasados en esos temas, en la relación con el gobierno de Estados Unidos.

Para no hacernos ilusiones que sólo producirían desilusionados, habría que aceptar que no de hoy, sino desde hace algunos años, la frontera para Estados Unidos en materia de su seguridad nacional, se trasladó del Río Grande al Suchiate.

El terrorismo y su presencia en Estados Unidos dejó de ser una amenaza para convertirse, ya, en una sangrienta realidad. Hoy, ese país se ha convertido, al igual que varios en Europa, en campo de batalla del Estado Islámico en su guerra contra los infieles quienes, para todo fin práctico, somos los miles de millones de habitantes del planeta que no comulgamos con su particular e irracional visión del Islam.

¿Qué hará esta administración en los dos años y meses que le restan, para responder a las demandas de Estados Unidos en materia de cooperación en la lucha en contra del terrorismo? ¿Y qué hará la próxima, al margen de quién saliere victorioso el año 2018? ¿Acaso nos escudaremos, como aún pretendemos, en una idea decimonónica de la soberanía?

¿Insistiremos en seguir visitando países los cuales, ni siquiera aparecen con sus nombres en las estadísticas del comercio exterior debido a su insignificancia? ¿Acaso pretendemos seguirlos visitando y al mismo tiempo, negándonos a entender y aceptar que nuestra suerte –económica y política–, está estrechamente ligada a la de Estados Unidos y Canadá?

Preparémonos pues, para una campaña de acusaciones a México, y menciones casi cotidianas de nuestra corrupción, y debido a ésta, falta de colaboración en materia de seguridad y lucha contra la delincuencia y el terrorismo.

Si ya antes de empezar vea usted cómo nos tratan, ¿se imagina lo que veremos en la campaña?

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