Jóvenes con diabetes viven difícil combinación

Diabetes y pubertad es la compleja combinación con la que tienen que vivir Maribel y Lafayette. Apenas habían dejado atrás la niñez cuando su cuerpo y emociones se enfrentaron a los cambios propios del crecimiento y al diagnóstico de una enfermedad que por el resto de sus vidas los hará estar al pendiente de sus niveles de glucosa en la sangre, la cantidad y calidad de sus alimentos para no sufrir daños en otros órganos, que en casos graves pueden llevarlos a la ceguera, falla renal o amputaciones.

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De 15 y 14 años respectivamente, los dos jóvenes capitalinos llevaban una vida normal, pero un día comenzaron a tener sed insaciable, ganas incontenibles de orinar, hambre, mucho sueño y malestar general. Tras ser llevados al hospital les detectaron niveles de más de 500 puntos de glucosa y les notificaron que padecían diabetes.

A Lafayette le detectaron la Tipo 1 luego de pasar dos semanas en coma inducido hasta que pudieron controlarle algunos síntomas de la enfermedad.

Aspira a ser licenciado en  Danza Clásica por la Academia de la Danza Mexicana, del Instituto Nacional de Bellas Artes. Al recuperarse e iniciar el tratamiento, su vida retomó el ritmo, aunque fue difícil que sus maestros de ballet entendieran que la enfermedad no lo incapacita, sino sólo le exige más cuidado de su alimentación y medicación.

La mayoría cree que por tener diabetes no puedo hacer casi nada, les he tenido que explicar que sí puedo”, afirmó. Dada su actividad escolar diaria, él mismo es responsable de la aplicación de su insulina, así como de las mediciones de glucosa.

Maribel aún está saliendo del shock en el que entró tras enterarse que padece la enfermedad. Durante el proceso de detección, que le valió semana y media internada en el hospital por un cuadro de glucosa de 514 puntos, de un rango normal de 70 a 110, estaba a la mitad de segundo año de secundaria.

Su mamá pedía las tareas en la escuela para que las hiciera desde casa los días que se sentía mal y a marchas forzadas concluyó el ciclo escolar y lo pasó, por lo que se prepara para empezar en unos días el tercer y último año de
este nivel.

En ella hay predisposición genética a la diabetes y un cuadro de sobrepeso que influyó en el desarrollo de la enfermedad y los altos índices de glucosa, que debe controlar con alimentación. En de lugar distraerse en actividades recreativas, como las amigas de su edad, se concentra en el conteo de carbohidratos en sus comidas, en la medición de la glucosa en la sangre y en la autoaplicación de sus inyecciones de insulina.

Me dijeron los doctores que esto ya no se quita, sólo se controla. Estoy poniendo todo de mi parte porque al principio eran dolores de cabeza y no me sentía con la valentía de poder lograrlo”, aseguró.

Desde hace dos años Lafayette, y a principios de este 2016 Maribel, son pacientes del área de endocrinología pediátrica del Centro Especializado en el Manejo de la Diabetes de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México, donde reciben atención médica integral en áreas como nutrición, sicología, podología, medicina general, entre otras.

Los dos son atendidos por Fernando Ramírez Mendoza, endocrinólogo pediatra quien se ha convertido en un aliado en la lucha contra la enfermedad que no tiene cura y requiere un fuerte compromiso de los propios pacientes y sus familias para mantenerse en las mejores condiciones.

El especialista reconoció que no hay cifras claras sobre la población menor de edad con la enfermedad en la capital y los que llegan al servicio médico lo hacen con cuadros graves, cuando el ideal sería que en etapas tempranas se iniciara el manejo.

La obesidad, sostuvo, es uno de los factores de riesgo de diabetes más alarmantes y que poca atención ponen los padres con sus hijos.

Sabemos que en presencia de obesidad se puede presentar la diabetes y teniendo tres o cuatro niños de cada diez con esa circunstancia el escenario debe ser altísimo, pero como no se sospecha y no se diagnostica, se hace en etapas tardías, cuando los daños están progresando”, señaló.

Al centro, ubicado a un costado del Hospital Rubén Leñero, cuyo modelo de atención fue traído de Kuwait y que ofrece de manera integral los servicios que requiere un paciente con la enfermedad, en un mismo día o semana y en el mismo sitio, el paciente más pequeño llegó a los 15 meses de vida, siguiéndole más de una decena con diferentes edades.

Ramírez Mendoza indicó que la meta es lograr el control de los niveles de glucosa en la sangre a edades tempranas y evitar daños en el organismo.

 

UN FACTOR

El índice de masa corporal (IMC) –peso en kilogramos dividido por el cuadrado de la talla en metros (kg/m2)– es un índice utilizado frecuentemente para clasificar el sobrepeso y la obesidad en adultos. La OMS define el sobrepeso como un IMC igual o superior a 25, y la obesidad como un IMC igual o superior a 30.

  • Peso normal:

IMC 18.5 – 24.9

  •  Sobrepeso:

IMC 25 -29

  • Obesidad grado 1:

IMC 30-34

  • Obesidad grado 2:

IMC 35-39.9

  • Obesidad grado 3:

IMC 40-49.9

  • Obesidad grado 4 u obesidad extrema: IMC >50

 

PIDEN ACTIVAR OBLIGACIÓN PARA REVISAR LA GLUCOSA

Para lograr una verdadera prevención y el control temprano de la diabetes en niños, es necesaria la implementación de la Cartilla Metabólica, que al igual que la de Vacunación, haga obligatoria la revisión de peso, talla y niveles de glucosa en la sangre desde la infancia, planteó  Rafael Álvarez Cordero, presidente honorario del Colegio Mexicano de Cirugía para la Obesidad y Enfermedades Metabólicas.

El documento y, a la vez, herramienta de diagnóstico para los médicos, ya que incluye antecedentes familiares en torno a la enfermedad, presión arterial y perfil de lípidos, está contemplado en la Ley para la Prevención, Tratamiento y Control de la Diabetes en el DF que entró en vigor desde 2013, pero aún no se utiliza en la capital.

La Cartilla (Metabólica pretende descubrir a los que tienen diabetes o riesgo de ésta por sus antecedentes familiares o por la obesidad y desde ese momento atenderlos, sólo que eso no se hace.

Habrá dos escenarios: el de los niños sanos que no tienen datos de diabetes y el de los gorditos con antecedentes familiares y, además, la glucosa un poco elevada”, señaló en entrevista el colaborador de Excélsior.

Consideró que una revisión anual, cuyos datos se registren en la cartilla, da los elementos suficientes para que el médico detecte alguna alteración y, de ser el caso, de inmediato referenciarlos a los sitios especializados para la atención.

Cuando se implemente como dice la ley, las cosas cambiarán porque vamos a descubrir que muchos niños con datos se podrán atender antes de que se desate la enfermedad sin control”, señaló.

La Norma Oficial Mexicana NOM-015-SSA2-199 señala que a partir de los 20 años se deben hacer las pruebas para detectar niveles altos de glucosa en sangre y, en muchos casos, en esa edad el padecimiento ya está en grados avanzados con daños irreversibles en órganos, por lo que es necesaria la detección desde la niñez.

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